Una madre a su hijo:

– Pepito, pero hay que ver, como le volvió el ojo a ese niño, ¡pero qué caucherazo el que le pegó!, eso es culpa suya.

– No mamá, eso no es culpa mía.

– ¿Cómo dices que no?

– No, mami, yo no sabía que la cauchera estaba cargada.