En un confesionario:
– Verá, padre, yo venía a confesarme…
– ¿Cómo que padre? ¡Monseñor!
– ¡Uy, perdone, Monseñor! Verá yo quería confesarme porque…, yo… Bueno, que soy mariquita.
– ¡Uuuuuuuuuy! ¡Pues entonces llámame Monse!