Dos amigos, están comentándose, las portentosas relaciones sexuales mantenidas con sus respectivas esposas la noche anterior.

El primero dice: anoche, le hice tan bien el amor a mi mujer, que hasta el crucifijo me aplaudió.

El otro, sin cortarse, le dice: ¿Y tu dices que sabes hacer bien el amor?, ¡yo sí que sé!, cuando terminé de hacerle el amor a mi mujer, los del cuadro de la santa cena que tengo encima del cabecero de mi cama empezaron a hacerme la ola.